¡Echar un polvo!​

¿Sabes de dónde proviene la expresión echar un polvo?

“Hacía meses que no ligaba y ¡por fin eché un polvo!» Pero… ¿de dónde viene esta expresión?

Como el ser humano es viciosillo por naturaleza, cuando no había rayas de coca que animaran las fiestas de los ricos, había un fino polvo de color tabaco llamado rapé.

Cuando se esnifa rapé son comunes los estornudos, y estos resultaban molestos sobre todo para las personas que no lo esnifaban.

Es por ello que las personas que consumían tabaco en polvo habituaban a retirarse a otra habitación para no molestar y para introducir un poco de ese polvillo en su aristocrática nariz y, así, aguantar mejor el tedio de sus vidas ricas y acomodadas.

Este momento era una excusa perfecta para que las parejas pudieran ausentarse e ir a otra habitación para mantener relaciones sexuales durante las fiestas sin levantar sospechas. Entre esnifada y esnifada, las parejas aprovechaban para… “echar un polvo”.

En el marketing… “Hay que hacer el amor a nuestros clientes y no echarles un polvito…”

Hacer el amor, tener sexo… para algunos es lo mismo, para otros no. Hay gente que solo dice tener sexo, otros que solo hacen el amor.

Unos pocos consideran que se pueden hacer las dos cosas. Las empresas piensan y hacen algo parecido. Y quizás unas pocas que se pueden hacer las dos cosas. 

Maximizamos la relación en el corto plazo, intentando forjar relaciones uno a uno, sin tener en cuenta la fidelización y considerar al cliente desde el punto de vista de su valor en el tiempo.

Esto, lejos de ser una teoría, es de pura evidencia; es más barato fidelizar a un cliente que captar un nuevo.

Así que ya sabes. A veces con algunos clientes sí será necesario el sexo y el “aquí te pillo y aquí te mato”.

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