Franky the Yonki

Mi amigo Fran acaba de cumplir los 35, hace años que se emancipó y se ve poco con sus padres, así que su madre para compartir más tiempo con él le regaló un fin de semana en París.

Fran estaba encantado, adora a su madre y turistear con ella era un planazo.

Bueno y realmente lo fue, si no fuera por un pequeño percance.

Digo percance por no decir “negocio fallido”.

El caso es que Fran y su madre fueron a unos grandes almacenes muy pijos.

Solo miraban, o más bien admiraban los productos. Se acercaban a alguno, miraban el precio, se escandalizaban y seguían su camino.

Estaban en un puesto de zapatos cuando Fran le dijo a su madre que iba al baño.

Siguió las indicaciones de Toilettes, entró en el de hombres y se metió en el primer excusado que vio con la puerta entreabierta y…

¡Oh sorpresa!

Encima de la cisterna del WC encontró una cartera con dos bolsitas con droga, una con un polvo banco y otra con algo marrón.

Fran miró a su alrededor, nada sospechoso. Fisgoneó la cartera. Había tarjetas de crédito y el documento de identidad del propietario.

Se sentó en el WC y pensó.

Él no se había drogado nunca. Ni tan solo había fumado porros.

Sólo había probado cosas legales: alcohol y tabaco de liar que fumaba cuando salía con los amigos.

No, definitivamente no iba a empezar a drogarse estando con su madre.

Pero, ¿Qué precio tendría eso que se había encontrado? ¿Podría venderlo y sacarse una pasta?

Terminó con sus cavilaciones, dejó la cartera, las tarjetas y la documentación y cogió la droga.

Fue a buscar a su madre con el corazón a punto de salirle del pecho.

De camino se cruzó con un vigilante de seguridad que le pareció que lo miraba. Seguro que tenía cara de culpable y le diría algo en cualquier momento.

Nada, no pasó nada.

Salieron del shopping center y tampoco los siguió la poli.

Se pararon en un paso de peatones.

Fran seguía con el corazón acelerado y estaba sudando. ¡Eso era un sin vivir!!

Se puso la mano en el bolsillo y tiró la mercancía en la basura que tenía al lado.

Y así terminó su media hora de camello.

Fran nos contó la historia tomando unas cervezas el otro día y entre risas empezamos a llamarlo Franky the Yonki.

Franky the Yonki, definitivamente tiene potencial para convertirse en marca personal, seguro que atraería a potenciales compradores con este mote.

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